Cuentos completos
Cuentos completos Junio había cubierto los árboles de hojas. Las madres de Westminster, con sus pechos veteados, alimentaban a sus hijos. Unas muchachas bastante respetables estaban recostadas en el césped. Un hombre de edad se detuvo en seco, levantó del suelo un periódico arrugado, lo abrió y volvió a arrojarlo. ¡Qué horrible! La noche anterior en la Embajada, Sir Dighton había dicho «Si necesito que alguien me tenga el caballo no tengo más que levantar la mano». Pero la pregunta moral es mucho más seria que la económica, había dicho; algo que le pareció muy interesante viniendo de un hombre como Sir Dighton. «Oh, el país nunca sabrá lo que ha perdido —dijo como para sí, hablando del querido Jack Stewart».