Cuentos completos
Cuentos completos Y ella todavÃa tenÃa que ordenar sillas, comprar hielo, flores y tickets de guardarropa, pensó Clarissa. Las personas que no querÃa que fueran irÃan, las que sÃ, no. Se quedarÃa junto a la puerta. VendÃan medias, medias de seda. A una mujer se la conoce por los guantes y los zapatos, decÃa el tÃo William. Y miró a la mujer a través de las medias de seda con destellos plateados: el hombro inclinado, la mano colgando, la cartera deslizándose, la mirada perdida en el suelo. ¡Qué intolerable que a su fiesta fueran mujeres mal vestidas! ¿A alguien le habrÃa agradado Keats si hubiera usado medias rojas? Oh, finalmente la mujer apareció en el mostrador y se le cruzó por la cabeza:
—¿Recuerda que antes de la guerra vendÃan guantes con botones de perlas?
—¿Guantes franceses, señora?
—SÃ, eran franceses —dijo Clarissa.
La otra mujer se puso de pie con pesar, tomó su cartera y miró los guantes sobre el mostrador. Eran demasiado grandes, demasiado grandes en la muñeca.
—Con botones de perlas —dijo la vendedora, que se veÃa tanto más avejentada.
Dividió las hojas de papel de seda sobre el mostrador. Con botones de perlas, pensó Clarissa, simples, ¡tan franceses!