Cuentos completos
Cuentos completos —Las manos de la señora son tan delgadas —dijo la vendedora corriendo el guante con firmeza, con suavidad, sobre los anillos. Clarissa miró su brazo en el espejo. El guante llegaba casi hasta el codo. ¿HabÃa otros apenas más largos? De todos modos no querÃa fastidiarla; tal vez estaba justo en los dÃas del mes, pensó Clarissa, cuando estar de pie resulta una tortura.
—Oh, no se moleste —dijo.
Pero la vendedora le trajo otros.
—¿No termina extremadamente cansada después de tanto tiempo parada? ¿Cuándo se toma vacaciones?
—En septiembre, señora, cuando hay menos trabajo.