Cuentos completos
Cuentos completos Sí, como si la risa (dormitaba ahora) flotara en el aire como la niebla y se adhiriera a las plantas y los arbustos con hilos elásticos, de manera que el jardín se viera vaporoso y nublado. Y después, el viento haría mover los arbustos y el vapor blanco saldría volando por el mundo.
El vapor salía de todas las habitaciones donde dormían las mujeres, se adhería a los arbustos como la niebla y después volaba libremente por los aires. Las ancianas dormían, y por la mañana tomarían de inmediato la varilla de mando. Ahora, tranquilas y descoloridas, descansaban profundamente, rodeadas, sostenidas por los cuerpos jóvenes, recostados o en grupos junto a la ventana, derramando esa risa en el jardín, esa risa irresponsable: la risa de los cuerpos y las mentes que eluden las reglas, las horas, la disciplina. Una risa fértil pero sin forma, caótica, que se escapa y corona los arbustos de rosas con hilos de vapor.