Cuentos completos
Cuentos completos Pero no todo era su culpa después de todo. Pertenecía a una familia de diez personas, nunca hubo suficiente dinero, siempre se escatimaba en todo. Recordaba a su madre acarreando grandes cubos, el linóleo gastado en los bordes de la escalera, una pequeña tragedia familiar después de la otra; nada catastrófico: la granja de ovejas nunca funcionó del todo mal ni del todo bien. Su hermano mayor se casó con alguien de clase social inferior pero no demasiado inferior. No se demostraban afecto; nunca hubo nada extremo entre ellos. Pasaban las vacaciones dignamente en pueblos costeros; incluso hoy cualquier balneario tenía a alguna de sus tías alojada en una habitación sin vista al mar. Así era, tenían que escatimar siempre. Y ella había hecho lo mismo; era igual a sus tías. Sus sueños de vivir en La India, de casarse con un tal Sir Henry Lawrence, algún hombre de poder (ver a un nativo de turbante todavía la hacía fantasear) habían fracasado por competo.