Cuentos completos
Cuentos completos La señorita Rashleigh asintió. TenÃa el bastón en la mano. Esperaron sentadas. Los cazadores se habÃan movido de King’s Ride a Home Woods. Frenaron en el campo arado. De vez en cuando una rama se quebraba y las hojas caÃan dando giros. Pero sobre la niebla y el humo habÃa un espacio azul, un azul tenue, un azul puro, solo en el cielo. Y en el aire inocente, como un angelito vagando solo, una campana jugueteaba, retozaba en una torre lejana; luego el sonido se desvaneció. Después otra vez los cohetes, los faisanes púrpura-rojizos. Hacia arriba. Y otra vez el disparo de las armas; las nubes de humo, dispersándose hasta desaparecer. Y los atareados perritos atravesaban el campo con agilidad; los hombres de polainas los reunÃan y los subÃan súbitamente al carro.
—¡Listo! —gruñó Milly Masters, el ama de llaves, quitándose los gafas. Ella también cosÃa, en la vieja y oscura habitación que daba a los corrales. El jersey, el áspero jersey de lana para su hijo, el muchacho que limpiaba la iglesia, estaba terminado.
—¡Terminé! —murmuró. Escuchó el carro. Las ruedas traqueteando por los adoquines. Se levantó. Con las manos en el cabello, el cabello color castaño, salió al jardÃn, al viento.