Cuentos completos
Cuentos completos La enorme puerta se abrió de golpe. Tres perros de caza entraron corriendo y se detuvieron jadeando. Después entró caminando encorvado el Señor con sus polainas gastadas. Los perros se pegaron a él, sacudiendo la cabeza, olisqueándole los bolsillos. Después se adelantaron; olieron la carne. El suelo de la galerÃa se agitó como una selva azotada por el viento con las colas de los grandes perros de caza. Olfatearon la mesa. Apoyaron las patas en el mantel. Después, con un aullido, se arrojaron sobre el pequeño spaniel que roÃa los restos de comida bajo la mesa.
—¡Malditos sean! —gritó el Señor. Pero su voz era débil, como si gritara contra el viento—. ¡Malditas sean! —gritó ahora dirigiéndose a sus hermanas.