Cuentos completos
Cuentos completos —Milly Masters está en la bodega —comenzó a decir la señorita Rashleigh—. Es nuestra…
Se escuchó un disparo bajo la ventana. Cortó la cuerda que sostenÃa la lluvia, que empezó a caer más y más, en lÃnea recta, azotando las ventanas. La luz se apartó de la alfombra. La luz se apagó en sus ojos también, mientras seguÃan oyendo junto a las cenizas blancas. Los ojos se volvieron como piedritas sacadas del agua; piedras grises, duras y secas. Y las manos entrelazadas —como las garras de las aves muertas— sujetando la nada. Y se estremecieron, como si los cuerpos bajo la ropa se hubieran encogido. Después la señorita Antonia elevó el vaso hacia la sirena. Era la última gota; la bebió.
—¡Se acercan! —masculló y bajó la copa de golpe. Una puerta se cerró de un portazo. Después otra. Y otra. Se escucharon pisadas, pies arrastrándose por el pasillo hacia la galerÃa.
—¡Más cerca, más cerca! —rio la señora Rashleigh descubriendo los dientes amarillos.