Cuentos completos
Cuentos completos ¡Qué fiesta más patética! Estaba Joynson. No tenían nada que decirse. Había sido un niño pedante, y se había vuelto un adulto engreído, eso era todo. No había nadie más en esa habitación que Pricket Ellis conociera. Nadie. De manera que, como no podía irse sin más, sin haber conversado un poco con Dalloway al menos —que parecía tan ocupado con sus deberes de anfitrión, vestido de chaleco blanco—, debía quedarse. Era el tipo de cosas que le revolvían el estómago. ¡Pensar que gente adulta y responsable hace esto todas las noches de sus vidas! Se apoyó en una pared, sin decir una palabra; las líneas en sus rojas y azules mejillas rasuradas se oscurecieron. Pues aunque trabajaba como animal, se mantenía en forma haciendo ejercicio y tenía un aspecto fuerte y rudo como si sus bigotes estuvieran hundidos en la escarcha. Estaba enfadado, nervioso. Su austero traje lo hacía ver descuidado, insignificante, lánguido.