Cuentos completos
Cuentos completos —¿Pero por dónde comenzar? —reflexionó—. ¿Por el año 1820?… Debe haber sido por ese entonces que mi bisabuelo era un niño. Yo misma ya no soy joven. (Era cierto, pero se conservaba muy bien). Era muy anciano y yo una niña cuando me contó la historia. Un anciano muy apuesto, con abundante pelo blanco y ojos azules. Seguramente fue un niño muy hermoso. Pero extraño… Naturalmente, teniendo en cuenta cómo vivÃan. Eran Comber de apellido. Una familia tradicional, que habÃa tenido tierras en Yorkshire pero se habÃa venido a menos. Cuando él era niño sólo quedaba la torre, y de la casa, tan sólo una pequeña granja en el medio del campo. Hace diez años pasamos por allà y fuimos a verla. Tuvimos que dejar el coche y caminar. No hay ruta hacia la casa. Está allà en el medio de la nada, el pasto crecido hasta la puerta. HabÃa pollos adentro, yendo y viniendo por las habitaciones. Está completamente en ruinas. Recuerdo que una piedra se cayó de la torre de repente. —Hizo una pausa—. Allà vivÃan —siguió—, él, ella y el niño. Ella no era su esposa ni la madre del niño. Era tan sólo una criada, una joven que el anciano se habÃa llevado a vivir con él cuando su esposa murió. Otra razón por la que nadie los visitaba, tal vez, por la misma razón que todo se habÃa venido abajo. Pero recuerdo un escudo de armas encima de la puerta; y libros, libros viejos que se habÃan llenado de moho. Todo lo que sabÃa lo habÃa aprendido de los libros. LeÃa y leÃa, me decÃa; libros viejos, libros con mapas. Los llevaba hasta lo alto de la torre (la soga todavÃa estaba allà y los escalones rotos). Junto a la ventana hay una silla a la que le falta el asiento; la ventana abierta, los vidrios rotos y una vista de kilómetros y kilómetros de los páramos.