Cuentos completos
Cuentos completos Se detuvo. Como si estuviera en la torre mirando por la ventana abierta.
—Pero no pudimos encontrar el telescopio —dijo.
Detrás de ellos, en el comedor, el ruido de la vajilla se hizo más fuerte. Pero la señora Ivimey, en la terraza, parecÃa absorta, porque no habÃa podido encontrar el telescopio.
—¿Por qué un telescopio? —le preguntó alguien.
—¿Por qué? Porque de no haber habido uno yo no estarÃa hoy aquà sentada —dijo riendo.
Y ciertamente estaba allà sentada; una mujer adulta, muy bien conservada, con algo azul sobre los hombros.
—Debe haber estado allà —resumió—, porque cada noche cuando los adultos se iban a dormir se sentaba junto a la ventana a mirar las estrellas con el telescopio. Júpiter, Aldebaran, Cassiopeia.
Alzó la mano hacia las estrellas que comenzaban a aparecer entre los árboles. Estaba oscureciendo más. Y el foco parecÃa más luminoso, recorriendo el cielo, haciendo una pausa aquà y allá para observar las estrellas.