Cuentos completos
Cuentos completos —La señorita Miller está aquí —dijo la criada.
Entró. Nunca antes habían estado a solas; nunca antes, muchísimo menos, se habían visto llorar. Ella estaba terriblemente conmovida, y con razón. Ángela había sido para ella mucho más que un jefe. Había sido una amiga. En lo personal, pensó él mientras corría la silla para ofrecerle el asiento, no había nada especial en ella. Había miles de Sissy Millers. Mujeres pequeñas y algo insulsas con un maletín. Pero Ángela, con su facilidad para ver a las personas, había descubierto todo tipo de cualidades en Sissy Miller. Era la discreción en persona, tan silenciosa, tan confiable; uno podía contarle lo que sea, y así sucesivamente.
La señorita Miller no podía hablar al principio. Se sentó y se secó las lágrimas con un pañuelo. Después hizo un esfuerzo.
—Perdóneme, señor Clandon —dijo.
Él habló bajo. Desde luego entendía. Era normal. Sabía lo que su esposa significaba para ella.