Cuentos completos
Cuentos completos Esto —pensó— es la maravilla más grande, el logro más supremo de la raza humana. Donde antes habÃa piraguas remando a través de un pantano, ahora está esto; y pensó en la casa de paredes gruesas, llena de objetos valiosos, y en el murmullo de personas acercándose, alejándose, intercambiando miradas, animándose. Y Clarissa Dalloway habÃa hecho levantar esa casa en medio del erial: habÃa cubierto el pantano con piedras; y cuando llegaron al final del jardÃn (que era bastante pequeño, por cierto), y ella y Bertram se sentaron en las hamacas, Sasha miró hacia la casa con veneración, con entusiasmo, como si una flecha de oro la atravesara, y los ojos se le llenaran de lágrimas en profundo agradecimiento. Aunque era tÃmida y prácticamente incapaz de decir palabra cuando le presentaban a alguien —una persona humilde, fundamentalmente—, albergaba una profunda admiración por las otras personas. Ser como ellas habrÃa sido maravilloso, pero estaba condenada a ser ella misma y sólo podÃa, de forma entusiasta y silenciosa, sentarse en el jardÃn y aplaudir a la sociedad de la que estaba excluida. Versos de admiración se le venÃan a la mente; eran buenos y agradables, y sobre todo, valientes, triunfadores de la noche y los pantanos; eran sobrevivientes, aventureros que se alzaban a la mar y se enfrentaban a los peligros.