Cuentos completos
Cuentos completos ¡Cómo la detestas! Pone llave hasta a la puerta del baño por la noche, aunque todo lo que quieres es un poco de agua fría; a menudo, si no has pasado una buena noche, un baño ayuda. Y John en el desayuno, y los niños. Y las comidas son la peor parte; suelen venir amigos de visita. Los helechos no los ocultan del todo, ellos lo saben también. Así que sales a caminar por la rambla, donde las olas son grises y los papeles vuelan; y los toldos de cristal son verdes y corre bastante viento; las sillas cuestan dos peniques, demasiado, pues debe haber predicadores en la playa. Allí hay un negro; allá un hombre extraño; aquí un hombre con periquitos, ¡pobres criaturas! ¿No hay nadie aquí pensando en Dios? Justo allí, sobre el muelle, con su caña. Pero no, no hay nada más que gris en el cielo, o si es azul, las nubes blancas lo cubren. Y la música, es música militar; ¿y por qué pescan? ¿De veras pescan algo? ¡Cómo miran los niños! Bueno, volvamos a casa; «¡volvamos a casa!». Las palabras tienen sentido; seguramente lo dijo el anciano de bigotes. No, no, en verdad no habló; pero todo tiene sentido: letreros sobre las puertas, nombres en las vidrieras, fruta en la canasta, cabezas de mujeres en la peluquería. Todos dicen «¡Minnie Marsh!». Otro espasmo. «Los huevos son más baratos». ¡Es lo que siempre sucede! Iba delante de ella en la cascada, directo hacia la locura, hasta que como un rebaño de ovejas en un sueño, Minnie pega la vuelta y se me escapa de las manos. Los huevos son más baratos. Amarrados a la orilla del mundo, ningún delito, tristeza, rapsodia o locura para la pobre Minnie Marsh. Nunca llega tarde a almorzar; nunca la sorprende una tormenta sin el impermeable; nunca desconoce el precio de los huevos. Así que llega a la casa y sacude las botas.