Cuentos completos
Cuentos completos El caballero responde con tanta rapidez a la señorita, y ella sube las escaleras con tal ingenioso intercambio de cumplidos que culmina en un suspiro de pasión, que las palabras resultan incomprensibles aunque el sentido es claro. Amor, risa, vuelo, persecución, felicidad celestial —todas flotando en el más alegre murmullo de palabras cariñosas—, hasta que el sonido de las trompetas de plata, muy lejano al principio, poco a poco se fue volviendo más nÃtido, como si estuvieran saludando al amanecer o proclamando amenazadoramente la fuga de los amantes… El jardÃn verde, el estanque a la luz de la luna, el limonero, los amantes y los peces, todos reunidos por las trompetas y acompañados por los clarines; se elevan arcos blancos firmemente asentados en pilares de mármol… la marcha y las trompetas. Sonido metálico. Estruendo. Firme asentamiento. Fuertes cimientos. Una multitud desfilando. La confusión y el caos azotan la tierra. Pero esta ciudad a la que nos dirigimos no posee ni piedra ni mármol; cuelga; se erige. Ningún rostro saluda; ninguna bandera da la bienvenida. Deja entonces morir tu esperanza; abandona en el desierto mi alegrÃa; caminemos desnudos. Desnudos los pilares; nada indican; no proyectan sombra; resplandecientes; severos. Allà me detengo, ya sin impulso, deseando simplemente irme, hallar la calle, guiarme por los edificios, saludar a la vendedora de manzanas, decirle a la criada que abre la puerta: una noche estrellada.