El lector comun
El lector comun … el cuco (como un único violinista en solitario que se tambalea de taberna en taberna) no paró en todo el día. Los corderos brincaban arriba y abajo en los valles; niños y cabras saltaban acá y allá en las montañas. Los pastores tocaban la flauta sentados, las mozas campesinas cantaban; los enamorados componían sonetos para sus zagalas, mientras ellas hacían guirnaldas para sus enamorados. E igual que el campo era juguetón, la ciudad era alegre … ningún pájaro de mal agüero asustaba al rústico a medianoche, ni ningún tambor al ciudadano a mediodía, sino que todo estaba más en calma que el agua estancada, todo en silencio, como si las esferas hubieran estado sonando en armonía. En conclusión, el cielo parecía un palacio, y la gran estancia de la tierra un paraíso. Pero ¡ay de la efímera felicidad del hombre! ¡Oh mundo, de qué escasa y fina estofa es tu felicidad![38]
En resumidas cuentas, la reina Isabel murió, y de nada sirve preguntar a Dekker lo que dijo la vieja que le barría su cuarto o cómo estaba Cheapside esa noche si por casualidad se encontraba atrapado en plena muchedumbre. Tenía que dilatar; tenía que generalizar; tenía que embellecer.