El lector comun
El lector comun Sófocles tomaría la vieja historia de Electra, por ejemplo, pero inmediatamente le estamparía su sello. De eso, a pesar de nuestra debilidad y distorsión, ¿qué sigue siendo visible para nosotros? Que su genio era de suma categoría, en primer lugar; que eligió un diseño que, de fallar, evidenciaría su defecto en forma de cuchilladas y estropicio, no en la difuminación suave de algún detalle insignificante; y que, si tenía éxito, llegaría al hueso con cada tajo, estamparía cada huella dactilar en el mármol. Su Electra permanece ante nosotros como una figura tan fuertemente atada que sólo puede moverse un tris hacia aquí, un tris hacia allá. Pero cada movimiento debe expresar necesariamente lo máximo o, atada como está, privada del alivio de toda clase de señales, repeticiones, sugerencias, no será más que un maniquí, firmemente atado. Sus palabras en los momentos críticos están, de hecho, desnudas; son meros gritos de desesperación, alegría, odio:

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