El lector comun
El lector comun Nadie, por supuesto, tuvo mayor necesidad de ser él mismo que Sterne. Pues mientras haya escritores cuyo don sea impersonal, de manera que un Tolstói, por ejemplo, puede crear un personaje y dejarlo solo con nosotros, Sterne debe estar siempre ahí en persona para ayudarnos en nuestro intercambio. Poco o nada quedaría de El viaje sentimental si de él extrajéramos lo que llamamos el propio Sterne. No tiene información valiosa que dar, ni filosofía razonada que impartir. Dejó Londres, nos cuenta, «con tanta precipitación que nunca se me pasó por la cabeza que estuviéramos en guerra con Francia». No tiene nada que decir de cuadros, iglesias o de la miseria o el bienestar del campo. Iba viajando por Francia, en efecto, pero el camino transcurría a menudo por su propia mente, y sus aventuras principales no eran con bandidos y precipicios, sino con las emociones de su propio corazón.