El lector comun
El lector comun Resultaría por tanto fácil para un historiador de lo pintoresco colocar a la par los contrastes más evidentes; aquí en Chesterfield Street estuvo Beau Brummell apoyando delicadamente la barbilla sobre su corbata y hablando, en un tono estudiado para evitar un énfasis vulgar, del corte adecuado de la solapa de un abrigo; y aquí en Somers Town estuvo una partida de jóvenes mal vestidos y entusiasmados, uno con una cabeza demasiado grande para su cuerpo y una nariz demasiado larga para su rostro, que a diario hablaban detenidamente durante el té sobre la posibilidad de la perfección humana, la unidad ideal y los derechos del hombre. Había también una mujer presente con ojos muy brillantes y una lengua incansable. Los jóvenes, que tenían nombres de la clase media, como Barlow, Holcroft y Godwin, la llamaban simplemente «Wollstonecraft», como si no importara que estuviese o no casada, como si fuera un muchacho como ellos mismos.