El lector comun
El lector comun Pero, al aproximarnos a la zona de riesgo de la filosofÃa de Hardy, pongámonos en guardia. Nada es más necesario, al leer a un escritor imaginativo, que mantenerse a la distancia acertada sobre su página. Nada hay más fácil, sobre todo con un escritor de marcada idiosincrasia, que aferrarse a opiniones, hacerlo convicto de un credo, atarlo al ronzal de un punto de vista consistente. Tampoco era Hardy una excepción a la regla en el hecho de que la mente más capaz de recibir impresiones suele ser la menos capaz de extraer conclusiones. Es tarea del lector, empapado en las impresiones, proporcionar los comentarios. Le corresponde saber cuándo dejar a un lado la intención consciente del escritor a favor de una intención más profunda de la cual quizá no es consciente. El mismo Hardy lo sabÃa. Una novela «es una impresión, no un razonamiento»,[81] nos ha advertido, y, de nuevo:
Las impresiones inconexas tienen su valor, y el camino hacia una verdadera filosofÃa de la vida parece consistir en anotar humildemente diversas interpretaciones de sus fenómenos tal y como nos los imponen el azar y el cambio.[82]