El lector comun
El lector comun Pero para disfrutar de la libertad, si el tópico es perdonable, por supuesto tenemos que contenernos. No debemos derrochar nuestras capacidades inútilmente o por ignorancia, rociando la mitad de la casa para regar un único rosal; debemos adiestrarlas con acierto e intensidad, en este preciso lugar. Esta, tal vez, sea una de las primeras dificultades a las que nos enfrentamos en una biblioteca. ¿Qué es «este preciso lugar»? Podría parecer que no es nada más que un conglomerado y un batiburrillo de confusión. Poemas y novelas, historias y memorias, diccionarios y libros verdes; libros escritos en todas las lenguas por hombres y mujeres de todos los temperamentos, razas y edades se apretujan en la balda. Y fuera el burro rebuzna, las mujeres cotillean en la fuente, los potros galopan por los campos. ¿Por dónde hemos de empezar? ¿Cómo vamos a poner orden en este concurrido caos y obtener así el más hondo y completo placer de lo que leemos?