El lector comun
El lector comun Pero una mirada a la heterogénea cofradía de la balda nos mostrará que los escritores son muy raras veces «grandes artistas»; es mucho más frecuente que un libro no aspire a ser una obra de arte en absoluto. Estas biografías y autobiografías, por ejemplo, vidas de grandes hombres, de hombres muertos hace mucho tiempo y olvidados, que se codean con las novelas y poemas, ¿vamos a renunciar a leerlas porque no son «arte»? ¿O vamos a leerlas, pero leerlas de otra forma, con un objetivo distinto? ¿Las leeremos en primer lugar para satisfacer esa curiosidad que se apodera en ocasiones de nosotros cuando nos paramos al anochecer frente a una casa con las luces aún encendidas y las persianas sin echar, y cada piso de la casa nos muestra una sección diferente de la vida humana en esencia? Entonces nos consume la curiosidad por la vida de esas personas —los criados cotilleando, los caballeros cenando, la joven vistiéndose para ir a una fiesta, la anciana en la ventana haciendo punto. ¿Quiénes son, qué son, cuáles son sus nombres, sus ocupaciones, sus pensamientos y aventuras?