El lector comun
El lector comun un tiempo de placer, pasado el jolgorio, vuelve a casa
por fin, y acaba con tristeza; pero la vida,
cansada de tanta animación, cuenta cada grano,
gimiendo y suspirando, hasta que cae el último,
para así concluir la calamidad con el reposo,[86]
o coloquemos la calma meditativa de
… en el joven o el anciano
Nuestro sino, el hogar y corazón de nuestro ser,
está en el infinito, y sólo en él;
en la esperanza está, la que no muere,
en el esfuerzo, expectación y anhelo,
y en algo siempre por acontecer.[87]
junto a la completa e inagotable belleza de
La mudante luna subía por el cielo,
y en ningún lugar permanecía:
suavemente subía,
con una estrella o dos a su lado[88]
o la espléndida fantasía de
Y el que el bosque frecuenta
no detendrá sus pasos despreocupados
cuando, bien lejos en un claro
del incendio del gran mundo,
una tierna llama que salta
se le antoje, a su criterio,