El lector comun
El lector comun Con todo, dicha expresión parece inadecuada para describir el estado mental de un estudiante a quien, después de un arduo razonamiento, le ha sido revelada la verdad. Pero la verdad es diversa; la verdad nos llega con diferentes disfraces; no la percibimos únicamente con el intelecto. Es una noche de invierno; las mesas están puestas en casa de Agatón; la muchacha toca la flauta; Sócrates se ha lavado y se ha calzado las sandalias; se ha detenido en el vestíbulo; se niega a moverse cuando mandan a buscarle. Ahora Sócrates ha terminado; se está burlando de Alcibíades; Alcibíades coge una cinta y la ata alrededor de «la cabeza de este admirable compañero». Alaba a Sócrates. «Sabed que la hermosura de un hombre le es el objeto más indiferente. Nadie se podría imaginar hasta qué punto la desdeña e igualmente a la riqueza y las otras ventajas que envidia el vulgo. Para Sócrates, carecen de todo valor, y a nosotros mismos nos considera como nada; su vida entera transcurre burlándose de todo el mundo y divirtiéndose en hacerle servir de juguete para distraerse. Pero cuando habla en serio y se abre, no sé si otros habrán visto las bellezas que guarda en su interior; yo sí las he visto y me han parecido tan divinas, tan grandes, tan preciosas y seductoras, que creo es imposible resistirse a Sócrates.»[10] Todo esto fluye sobre los razonamientos de Platón: risa y movimiento; gente levantándose y saliendo; el tiempo que transcurre; la calma que se pierde; chistes que se cuentan; la aurora despuntando. La verdad, parece, es diversa; la verdad debe buscarse con todas nuestras facultades. ¿Vamos a descartar las diversiones, las ternuras, las frivolidades de la amistad porque amamos la verdad? ¿Se encontrará antes la verdad por el hecho de que nos tapemos los oídos ante la música y no bebamos vino, y durmamos en vez de conversar durante la larga noche de invierno? No es hacia el disciplinario enclaustrado, que se mortifica en soledad, donde hemos de mirar, sino hacia la naturaleza soleada, al hombre que practica el arte de vivir con el máximo provecho, de manera que nada quede atrofiado sino que algunas cosas sean permanentemente de más valor que otras.