El lector comun
El lector comun Estas circunstancias, del mismo modo que incidieron en su carácter, pudieron también dejar huella en su obra. Un novelista, reflexionamos, está destinado a construir su estructura con abundante material de lo más perecedero, que empieza por darle realidad y acaba por atestarla de basura. Cuando abrimos Jane Eyre de nuevo, no podemos disipar la sospecha de que encontraremos el mundo de su imaginación tan anticuado, tan de mediados de la era victoriana y pasado de moda como la casa parroquial del páramo, un lugar que sólo han de visitar los curiosos y sólo van a preservar los fieles. Entonces abrimos Jane Eyre; y en dos páginas nuestras mentes quedan libres de toda duda.
Pliegues de paño escarlata confinaban mi visión a mano derecha; a la izquierda estaban los lÃmpidos cristales de vidrio protegiéndome pero no separándome del temible dÃa de noviembre. A intervalos, mientras pasaba las hojas de mi libro, estudiaba el aspecto de esa tarde de invierno. A lo lejos ofrecÃa un pálido vacÃo de niebla y nubes; cerca, una escena de hierba mojada y arbustos maltratados por la tormenta, con lluvia incesante arrastrándose salvajemente ante la presencia de una prolongada y lastimera ráfaga de viento.