El lector comun
El lector comun Así fueron los personajes de los primeros libros: Lord Jim, Tifón, El negro del «Narcissus», Juventud; y estos libros, a pesar de los cambios y modas, sin duda tienen su sitio asegurado entre nuestros clásicos. Pero alcanzan dicha talla por medio de unas cualidades que la simple historia de aventuras, como la contó Marryat, o Fenimore Cooper, no pretende poseer. Pues queda claro que para admirar y loar a tales hombres y tales hechos, de manera romántica, con entusiasmo y con el fervor de un amante, hay que estar dotado de una doble visión; se debe estar a la vez dentro y fuera. Para alabar su silencio hay que poseer una voz. Para apreciar su capacidad de sufrimiento hay que ser sensible a la fatiga. Hay que ser capaz de vivir en igualdad de condiciones con los Whalleys y los Singletons y no obstante ocultar a sus ojos suspicaces las propias cualidades que nos capacitan para entenderlos. Únicamente Conrad fue capaz de vivir esa doble vida, pues Conrad estaba compuesto de dos hombres; junto al capitán naval moraba ese analista sutil, refinado y crítico a quien él llamó Marlow. «Un hombre de lo más discreto y comprensivo», dijo de Marlow.