El viejo Bloomsbury y otros ensayos

El viejo Bloomsbury y otros ensayos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El significado de un libro, que a menudo se aparta de lo que en él sucede y se dice y más bien consiste en alguna relación que cosas en sí diferentes han mantenido con el autor, es de necesidad difícil de captar. Sucede así especialmente cuando, como las Brontë, el escritor es poético y no separa significado y lenguaje, y éste es antes un estado de ánimo que una observación específica. Cumbres borrascosas es un libro más difícil de comprender que Jane Eyre porque Emily era una poeta mayor que Charlotte. Cuando ésta escribía expresaba con elocuencia, esplendor y pasión "amo", "odio", "sufro". Su experiencia, aunque más intensa, está en el mismo nivel que la nuestra. Pero en Cumbres borrascosas no hay un "yo". No hay institutrices. No hay empleadas. Hay amor, pero no aquel de hombres y mujeres. A Emily la inspiraba alguna concepción más general. El impulso que la empujaba a crear no era el sufrimiento o las heridas propios. Miraba hacia un mundo hendido por un desorden gigantesco y sentía dentro de sí el poder para unirlo en un libro. Se siente esa ambición gigantesca a todo lo largo de la novela: una lucha, a medias frustrada pero de una convicción soberbia, por decir algo por boca de los personajes que no sea simplemente "amo" u "odio" sino "nosotros, toda la raza humana" y "ustedes, los poderes eternos…", quedando la oración incompleta. No es de extrañar que suceda así; más bien resulta asombroso que pueda hacernos sentir en alguna medida lo que en su interior tenía. Brota en las palabras a medias articuladas de Catherine Earnshaw: "Si todo lo demás pereciera y él permaneciera, yo continuaría siendo; y si todo lo demás permaneciera y él fuera aniquilado, el universo se convertiría en un poderoso extraño; no parecería yo parte de él". Vuelve a surgir en la presencia de los muertos: "Veo un reposo que ni la tierra ni el infierno puede romper, y siento la seguridad de un más allá infinito y sin sombra -la eternidad a la que han entrado- donde la vida no tiene límites en su duración, ni el amor en su conmiseración, ni el gozo en su plenitud". Es esta sugerencia de poder, que subyace a las apariciones de la naturaleza humana elevándolas hasta la presencia de lo grandioso, que da al libro su enorme estatura entre otras novelas. Pero no le bastó a Emily Brontë escribir unos cuantos poemas, lanzar un grito, expresar un credo. En sus poemas lo hizo de una vez y para siempre, y tal vez sus poemas sobrevivan a su novela. Pero es novelista en igual medida que poeta. Debe imponerse una tarea más laboriosa y más ingrata. Debe enfrentarse al hecho de que hay otras existencias, luchar con el mecanismo de las cosas externas, erigir, en forma reconocible, granjas y casas e informar de los discursos de hombres y mujeres que existieron independientemente de ella. De esta manera alcanzamos las cimas de la emoción no gracias al vocerío o a la rapsodia, sino a que escucha a una chica cantarse canciones antiguas mientras se balancea en las ramas de un árbol; mientras observamos a las ovejas del páramo pastar; al escuchar al viento suave respirar entre la hierba. Queda ante nosotros la vida de la granja, con todos sus aspectos absurdos y su improbabilidad. Se nos da toda oportunidad de comparar Cumbres borrascosas con una granja real y a Heathcliff con un hombre real. ¿Cómo, se nos permite preguntar, puede darse verdad o percepción o los matices de emoción más finos en hombres y mujeres tan poco parecidos a lo que hemos visto? Pero incluso en el momento de hacer la pregunta vemos en Heathcliff al hermano que una hermana genial pudiera haber visto; nos decimos que él es imposible, pero no obstante ningún muchacho de la literatura tiene una existencia más intensa que la suya. Así ocurre con las dos Catalinas; nunca pudo mujer alguna sentir o actuar como ellas, decimos. A pesar de eso, son las mujeres más adorables de la narrativa inglesa. Es como si la autora pudiera desgarrar todo aquello que sabemos de los seres humanos, para luego llenar esas transparencias irreconocibles con un gusto de vida tal que transcienden la realidad. Así, el de ella es uno de los poderes más escasos. Podía liberar a la vida de su dependencia en los hechos; con unos cuantos toques indicar el espíritu de una cara, de modo que no necesitara cuerpo; al hablar del páramo, hacer que el viento soplara y el trueno rugiera.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker