Entre actos

Entre actos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

La palabra que rimaba era «paciente». Dejó el cepillo. Cogió el teléfono.

—Tres, cuatro, ocho, Pyecombe —dijo—. Soy la señora Oliver. ¿Qué pescado tienen esta mañana? ¿Bacalao? ¿Lubina? ¿Lenguado? ¿Platija? —murmuró—: Allá, para perder lo que aquí nos ata. —Y, en voz alta, dijo—: Lenguado. Filetes de lenguado. Sí, para el almuerzo. —Siguió en un murmullo—: Con una pluma, una pluma azul volando en el aire asciende y, paciente, se esconde… hasta allá, para perder lo que aquí nos ata…

No valía la pena escribir esas palabras en el libro secreto con aspecto de libro de contabilidad, no fuera que Giles comenzase a sospechar algo. «Frustrada», esa era la palabra que expresaba su manera de ser. Nunca salía de una tienda, por ejemplo, con la ropa que le gustaba; tampoco le gustaba su figura vista contra el oscuro rollo de tela en los escaparates de las tiendas. Ancha de cintura, de miembros recios, y, salvo en lo referente a su cabello, corto de acuerdo con la moda moderna, en nada se parecía a Safo, o a ninguno de los hermosos muchachos cuyas fotografías adornaban las páginas de los semanarios. Parecía lo que era: la hija de sir Richard; y la sobrina de las dos viejas señoras de Wimbledon que tan orgullosas estaban de ser O’Neil, de descender de los reyes de Irlanda.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker