Entre actos
Entre actos Cogió el periódico, lo enrolló y se lo puso en la nariz: «Así». Y, saliendo de detrás de un árbol, se había abalanzado hacia el niño.
—Y se ha puesto a llorar. Tu hijo es un cobarde.
Isa frunció el entrecejo. Su hijo no era un cobarde, no. Y ella odiaba lo casero, lo posesivo; lo maternal. Y él lo sabía y lo hacía deliberadamente, para irritarla, el viejo bruto, su suegro.
Apartó la vista. Y mientras su mirada recorría los lomos de los libros, citó aquella frase:
—La biblioteca es siempre la estancia más agradable de la casa.