Entre actos
Entre actos Muchos ancianos solo tenÃan su India: ancianos en clubes, ancianos alojados en habitaciones de los alrededores de Jermyn Street. Isa, con su vestido de rayas, daba continuidad al anciano, mientras ella murmuraba ante las estanterÃas de la biblioteca: «El páramo está oscuro bajo al luna, rápidas nubes han bebido los últimos rayos pálidos…».
Se dio la vuelta y dijo en voz alta:
—He comprado pescado, aunque no puedo asegurar si es fresco o no. La ternera está muy cara y en esta casa todos estamos hartos del buey y del cordero… Sohrab —dijo, deteniéndose ante ellos—. ¿Qué ha estado haciendo?
Nunca meneaba el rabo. Jamás habÃa aceptado las ataduras de la vida doméstica. O se agachaba o mordÃa. Ahora sus fieros ojos amarillos miraron a Isa, miraron al anciano. PodÃa obligarlos a los dos a bajar la vista. Entonces, un recuerdo acudió a la mente de Oliver.
—Tu niño es un llorón —dijo con tono de desprecio y burla.
—Oh —suspiró Isa, atada al brazo de una silla, como un globo cautivo, sujeta por una mirÃada de lazos tan finos como el cabello a la vida doméstica—: ¿Qué ha pasado?
—He cogido un periódico —explicó Oliver—, asÃ…