Entre actos
Entre actos Nada de lo anterior le quitaba el dolor de muelas. Para su generación, el periódico era un libro y, como su suegro había terminado con el Times, Isa lo cogió y leyó: «Un caballo con la cola verde…», lo cual era fantástico. Y a continuación: «La guardia de Whitehall…», lo cual era romántico, y después, pronunciando palabra por palabra, leyó: «Los soldados dijeron a la muchacha que el caballo tenía la cola verde, pero la muchacha vio que se trataba de un caballo normal y corriente. A rastras, los soldados la llevaron a una habitación del cuartel y la arrojaron sobre una cama. Entonces, uno de los soldados la medio desvistió, y la muchacha chilló y le golpeó la cara…».
Esto era real; tan real que, en los paneles de caoba de la puerta, vio el arco de Whitehall; por el arco, vio la habitación del cuartel; en la habitación del cuartel, vio la cama, y en la cama, vio a la muchacha chillando y golpeando el rostro del soldado, momento en que la puerta (porque, en realidad, era una puerta) se abrió y entró la señora Swithin con un martillo.