Entre actos
Entre actos —Está muy inestable. Me temo que lloverá. Solo nos queda rezar —añadió, y toqueteó el crucifijo que llevaba.
—Y sacar los paraguas —dijo su hermano.
Lucy se sonrojó. Su hermano acababa de atacarla en su fe. Cuando ella dijo «rezar», él añadió «paraguas». Casi cubrió con los dedos la cruz. Se encogió, se acobardó, pero, al instante, ya estaba exclamando:
—¡Miradlos, ahà van! ¡Qué guapos!
El cochecito cruzaba el césped.
Isa también miró. ¡Qué ángel era aquella anciana! ¡Aclamar asà la presencia de los niños, atentar contra aquellas enormidades y contra las irreverencias del anciano con sus manos flacas, sus ojos risueños! ¡Cuán valerosa, al desafiar a Bart y al tiempo!
—Está hermosÃsimo —dijo la señora Swithin.
—Es increÃble cómo crecen —añadió Isa.
—¿Se ha terminado el desayuno? —preguntó la señora Swithin.
—Todo —contestó Isa.
—¿Y la pequeña? ¿No hay indicios de que vaya a tener el sarampión?
Isa negó con la cabeza. Golpeó la mesa, y añadió:
—Toquemos madera.
La señora Swithin se volvió hacia su hermano: