Entre actos
Entre actos El anciano del sillón —el señor Oliver, funcionario de la administración pública de la India, ya jubilado— dijo que el lugar elegido para ubicar el pozo negro se hallaba, si habÃa oÃdo bien, en la calzada romana. Desde un avión, añadió, se podÃan ver con toda claridad las huellas que habÃan dejado los británicos, los romanos, la casa solariega isabelina y el arado, cuando araron la colina para cultivar trigo en la época de las guerras napoleónicas.
—Pero usted no recuerda… —comenzó la señora Haines.
No, eso no lo recordaba, pero sà que… Y cuando el señor Oliver se disponÃa a contar lo que recordaba, se oyó un ruido en el exterior y entró Isa, la esposa de su hijo, luciendo trenzas en el pelo y un vestido largo de un desteñido color azul pavo real. Entró deslizándose como un cisne, se detuvo y observó: se mostró sorprendida de que allà hubiese gente, y las luces encendidas. Se disculpó diciendo que habÃa estado velando a su niño, que se encontraba mal. ¿De qué estaban hablando?
—Intercambiando opiniones sobre el pozo negro —dijo el señor Oliver.
—¡Vaya tema de conversación en una noche como esta! —volvió a exclamar la señora Haines.
