Entre actos
Entre actos ¿Y qué había dicho el señor Oliver acerca del pozo negro o sobre cualquier otra cosa?, se preguntó Isa, con la cabeza inclinada hacia el caballero terrateniente, Rupert Haines. Lo había visto en una tómbola y en un partido de tenis. El señor Haines le había entregado una taza y una raqueta. Eso fue todo. Pero en su cara devastada Isa había visto siempre misterio y, en su silencio, pasión. Lo había advertido en el partido de tenis, y en la tómbola. Y ahora por tercera vez, aunque con más fuerza, volvió a sentirlo.
—Recuerdo —el anciano interrumpió— a mi madre…
De su madre recordaba que era muy corpulenta, guardaba cerrado con llave el bote del té; pero le había dado, precisamente en esa misma estancia, un ejemplar de Byron. Hacía más de sesenta años, les dijo, que su madre le había dado las obras de Byron en esa misma estancia. Hizo una pausa.
—Camina ella en la belleza cual la noche —citó.
Y luego:
—Nunca más volveremos a remar a la luz de la luna.
