Fin de viaje
Fin de viaje Helen no pudo sacar una conclusión completa del efecto producido por su extemporánea interrupción. Uno de esos incidentes, que acostumbran a abundar en los viajes marítimos, vino a trastornar la tranquilidad del viaje. A la hora del té pudo notarse que el balanceo había empezado a hacer causa común con el oleaje, y a la hora de la cena el movimiento era ya francamente provocador para la integridad física de los navegantes. El barco gemía y parecía retorcerse ante el esfuerzo que realizaba para avanzar contra la tempestad que se avecinaba. Hasta aquel momento el buque se había comportado como un corcel gallardo que admira por la armonía y majestad de su paso. Pero de repente se convirtió en un potro salvaje con rienda suelta.