Fin de viaje
Fin de viaje A distancia, el Euphrosyne parecía muy pequeño. Desde los grandes buques de lujo, el pasaje les observaba como si los Vinrace y los Ambrose fuesen bultos de carga en lugar de seres de carne y hueso. Los bailarines, al salir sobre las cubiertas para refrescar, aprovechaban la suave marcha sobre las olas para observar el paso de aquel solitario del océano. Y aprovechaban la tranquila ocasión para confidencias o iniciación de amores.
El Euphrosyne seguía su camino día y noche, hasta que una mañana clara y luminosa se mostró ante ellos una faja de tierra. Poco a poco fueron perfilándose montes y montañas que pasaron de un azul grisáceo a su natural color pardo y entre ellos puntos blancos que fueron espaciándose y agrandándose conforme se acercaban a la costa. Las manchas blancas fueron perfilándose en calles y edificios.