Fin de viaje
Fin de viaje Susan y Arthur hicieron la vuelta sin hablar, absorto cada uno en sus sueños. Los cohetes cesaron y la obscuridad se hizo más intensa.
Llegaron al punto de partida, donde les esperaban los coches y separáronse con prisas, deseosos de descanso. Como era tarde, a la llegada al hotel no hubo sobremesa y fueron retirándose a sus habitaciones. Hirst fue al encuentro de Hewet, a quien encontró quitándose el cuello de la camisa.
—Supongo que estarás satisfecho, todo ha salido a pedir de boca, ahora que, ten cuidado, no te… (un bostezo intenso) ate esa jovencita… no me hacen gracia las mujeres jóvenes.
Hewet se hallaba tan cansado que ni siquiera contestó. Pocos momentos después dormían todos menos Susan. A ésta le era imposible conciliar el sueño. Se oprimía con las manos el corazón, que parecía haberle aumentado de tamaño, haberse convertido en un sol que irradiaba calor y felicidad, que iluminaba cuanto había a su alrededor. «Soy feliz —repetía—, inmensamente feliz… quiero a todos… ¡Qué feliz soy!…».