Fin de viaje

Fin de viaje

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La señora Flushing intentaba ver dónde podría echarse a dormir. Abajo era inútil intentarlo. Cerca del motor, con fuerte olor a combustible, tampoco. Sobre cubierta no se podía dormir por los insectos. Era lo que Helen había previsto. La imposibilidad de desnudarse y descansar sur­gía con todos sus inconvenientes a pesar de estar todos medio dormidos y ser casi invisibles unos a otros. Con la ayuda de Hirst armaron una tienda de campaña en un extremo de la cubierta, y éste convenció a las se­ñoras de que allí resguardadas podrían desnudarse y des­cansar. Salieron a relucir colchones y mantas y las tres ' se tendieron una junto a otra al aire puro de la noche.

Los caballeros fumaron varios cigarrillos, echaron las colillas encendidas al río, miraron un rato el balanceo de las aguas, se desnudaron y al otro extremo de donde es­taban las señoras se acondicionaron para dormir. Estaban tan rendidos que pronto estuvieron ajenos a todo, sir­viéndoles de cortina la misma obscuridad que les cu­bría.






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