Fin de viaje
Fin de viaje —No es que sea mejor —contestó él—. Solo es que soy mayor, más perezoso y un hombre en lugar de una mujer.
—Un hombre —repetÃa ella.
Un curioso sentido de posesión la embargó, se le ocurrió que ya podÃa tocarle y con suavidad le pasó la mano por la cara. Los dedos de él se posaron donde puso ella la mano, y el roce le sumergió de nuevo en un estado en el que todo le parecÃa irreal. Este cuerpo suyo, el mundo entero, perdieron consistencia.
—¿Qué ha pasado? —empezó él—. ¿Por qué te dije que te casaras conmigo? ¿Cómo ocurrió todo?
—¿Me pediste que me casara contigo? —dudó ella. ParecÃan alejarse de nuevo.
—Nos sentamos en el césped —recordó él.
—SÃ, asà fue —confirmó Rachel.
Este recuerdo sirvió nuevamente de lazo de unión. Andaban en silencio, pero sin cesar de coordinar ideas. Sus ojos solo percibÃan lo que les rodeaba a ambos.