Kew Gardens
Kew Gardens La mujer corpulenta contempló con curiosidad, entre el torrente de palabras, las flores que se alzaban, frescas y firmes, de la tierra. Las miró como quien despierta de un sueño profundo y ve un candelabro de bronce que refleja la luz de un modo peculiar, y cierra los ojos, y vuelve a abrirlos y, al verlo de nuevo, por fin despierta del todo para observarlo con sumo interés. La mujer robusta se detuvo ante el arriate ovalado y hasta dejó de fingir que escuchaba lo que la otra le decía. Se quedó allí, bajo la lluvia de palabras, meciendo despacio la parte superior del cuerpo mientras contemplaba las flores. Luego sugirió que buscaran un sitio donde sentarse a tomar el té.