Las Olas
Las Olas »Soy una persona: yo mismo. No suplanto a Catulo, a quien adoro. Soy el más escrupuloso de los estudiantes, con un diccionario aquÃ, y ahà un cuaderno en el que registro todos los usos raros del participio de pasado. Pero no se puede estar toda la vida grabando estas inscripciones antiguas con cuchillo hasta que se vuelvan más claras. ¿Correré siempre las cortinas de sarga roja y veré el libro, posado como un trozo de mármol, pálido bajo la lámpara? SerÃa ésa una vida gloriosa: ser un adicto de la perfección, seguir el curso de una oración hasta donde quiera llevarme, a los desiertos, a las tormentas de arena, sin importarme los señuelos, las seducciones; ser siempre pobre y desastroso; ser ridÃculo en Piccadilly.
»Pero estoy demasiado nervioso para concluir la oración de manera adecuada. Hablo con rapidez, mientras paseo de un lado a otro, para ocultar el nerviosismo. Me repugnan tus pañuelos grasientos, mancharás el ejemplar de Don Juan. No me escuchas. Te dedicas a mostrar tu ingenio con el pretexto de Byron. Y mientras gesticulas, con tu capa, tu bastón, intento exponer ante ti un secreto que nadie conoce: estoy pidiéndote (en pie detrás de ti) que tomes mi vida entre tus manos, y me digas si estoy condenado a inspirar repulsión en aquellos a quienes amo.