Las Olas
Las Olas »Pero quiero demorarme, asomarme a la ventana, escuchar. Ahà está otra vez el coro jovial. Ahora están rompiendo porcelana, también eso es una moda. El coro es como un torrente de piedras sueltas, éstas asaltan brutalmente a los árboles viejos, aquél se precipita de cabeza con espléndido abandono por los precipicios. Ruedan, galopan, tras los perros, tras balones; suben y bajan unidos a los remos igual que sacos de harina. Todas las divisiones se funden, actúan como un solo hombre. Las ráfagas del viento de octubre traen las rugientes explosiones de sonido y el silencio del patio. Ahora de nuevo rompen porcelana, ésa es la moda. Camina hacia su casa, bajo las ventanas rojas como fuego, una anciana frágil con una bolsa. Parece temer que caigan sobre ella, y la arrojen al arroyo. Sin embargo, hace una pausa para calentarse las manos deformadas, reumáticas, junto al fuego que despide torrentes de chispas y trocitos de papel. La anciana hace una pausa frente a la ventana encendida. Un contraste. Veo eso que Neville no ve, siento eso que Neville no siente. De aquà que él logre la perfección, y yo fracase y no deje tras de mà nada más que imperfectas frases manchadas de arena.