Las Olas
Las Olas —Sigue pasando la gente —dijo Louis—. Pasan sin cesar ante la ventana del restaurante. Coches, furgonetas, autobuses; y más autobuses, más furgonetas, más coches pasan ante la ventana. Al fondo distingo tiendas y casas y también las grises agujas de una de las iglesias de la ciudad. En primer término hay estantes de cristal con platos con bollos y emparedados de jamón. Todo lo oscurece ligeramente el vapor que brota de una tetera. Cuelga en medio del restaurante, semejante a una red húmeda, un olor humeante, lleno de substancia, de ternera y cordero, salchichas y puré. Apoyo el libro contra una botella de salsa de Worcester, e intento parecerme a los demás.