Las Olas
Las Olas —Me deslizaré tras ellos —dijo Rhoda—, como si viera a alguien a quien no conozco. Pero no conozco a nadie. Moveré las cortinas para mirar a la luna. Sofocaré mi agitación con ráfagas de olvido. Se abre la puerta, salta el tigre. Se abre la puerta, entra aprisa el terror, terror y más terror, persiguiéndome. Visitaré furtivamente los tesoros que he guardado. Al otro lado del mundo hay estanques en los que se reflejan columnas de mármol. Moja el ala la golondrina en estanques oscuros. Pero aquà se abre la puerta, y entra la gente, vienen hacia mÃ. Traen débiles sonrisas para enmascarar la crueldad, la indiferencia; se apoderan de mÃ. La golondrina se moja las alas, la luna luce sola sobre mares azules. Debo coger su mano, debo responder. Pero, ¿qué respuesta daré? Regreso de un golpe para permanecer ardiendo en este cuerpo mal compuesto, torpe, para recibir sus venablos de indiferencia y sarcasmo, yo, que deseo columnas de mármol y estanques al otro lado del mundo en los que hunde las alas la golondrina.