Las Olas
Las Olas »Ha avanzado un poco más la noche sobre las chimeneas. Por la ventana, por encima de su hombro, veo un gato despreocupado, no se ahoga en la luz, ni lo atrapa la seda, está en libertad de hacer una pausa, estirarse, echar a andar de nuevo. Me disgustan los detalles de la vida individual. Pero estoy aquí quieta, escuchando. Se ejerce sobre mí una presión inmensa. No puedo moverme sin desalojar un peso de siglos. Me atraviesa un millón de flechas. Me taladran la burla y el ridículo. Yo, que opondría el pecho a la tormenta y dejaría que el granizo me ahogara alegremente, estoy atrapada, aquí, expuesta. Salta el tigre. Los látigos de las lenguas caen sobre mí. Se ciernen sobre mí, móviles, incesantes. Debo ser evasiva, debo protegerme de ellos con mentiras. ¿Qué amuleto hay contra esta desdicha? ¿Qué cara puedo convocar para permanecer fría en este calor?[96]. Pienso en los nombres en los baúles, en las madres de cuyas rodillas descienden amplias faldas, en las vegas en las que se reúnen las colinas de lomas innumerables. Escondedme, grito, protegedme, porque soy la más joven, la más desnuda de todos vosotros. Jinny se mueve a la manera de una gaviota sobre la ola, dirige la mirada directamente, aquí y allí, diciendo esto, lo otro, con convicción. Pero yo miento, soy evasiva.