Las Olas
Las Olas »Así que no sólo hay una persona, sino cincuenta junto a las que me gustaría sentarme esta noche. Pero soy el único de vosotros que se siente como en casa sin tomarse libertades. Ni soy basto, ni esnob. Aunque esté abierto a la presión de la sociedad, con la destreza de mi verbo, logro a menudo introducir algo difícil entre las ideas que prevalecen. Mirad mis juguetitos, trenzados de la nada en un segundo, qué entretenido. No ahorro, sólo dejaré un armario de ropa vieja cuando me muera, y me resultan casi por completo indiferentes las vanidades menores de la vida que tanto torturan a Louis. Pero he sacrificado mucho. Estoy hecho de vetas de hierro, de plata y de barro, y no puedo contraerme en el puño firme que cierran aquellos que no dependen de los estímulos. Soy incapaz de renuncias, de los heroísmos de Louis o Rhoda. Jamás lograré, ni en una charla, hacer una frase perfecta. Pero habré hecho una contribución al momento fugitivo, muy superior a la vuestra, entraré en más habitaciones, más habitaciones diferentes, que ninguno de vosotros. Pero, porque hay algo que procede del exterior y no del interior, se me olvidará; cuando se calle mi voz, no os acordaréis de mí, excepto como el eco de una voz que en una ocasión adornó la fruta con frases.»