Las Olas
Las Olas —Con tiempo infinito ante nosotros —dijo Neville—, nos preguntamos ¿qué haremos? ¿Haremos el vago en Bond Street, mirando aquà y allá, y comprando quizá una pluma porque es verde, o preguntando el precio del anillo de azurita? ¿Nos sentaremos en casa a esperar a que el carbón se vuelva carmes� ¿Extenderemos las manos hacia los libros, y leeremos un pasaje aquà y otro all� ¿Romperemos a gritar sin ninguna razón? ¿Echaremos a correr por los campos floridos, y trenzaremos margaritas? ¿Nos informaremos de la hora de salida del próximo tren para las Hébridas, y reservaremos un compartimento? Todo está por venir.
—Para vosotros —dijo Bernard—, pero yo ayer me di un trastazo contra un buzón de correos. Ayer me comprometÃ.
—¡Qué extraños —dijo Susan— parecen los montoncitos de azúcar junto a los platos! Y las mondaduras moteadas de las peras y los marcos de peluche de los espejos. No los habÃa visto antes. Todo está dispuesto, todo es definitivo. Bernard se ha comprometido. Ha sucedido algo irrevocable. Se ha trazado un cÃrculo en las aguas, se ha impuesto una cadena. Nunca volveremos a fluir en libertad.
—Durante un momento solamente —dijo Louis—, antes de que regrese el desorden, henos aquà fijos, expuestos, atrapados en un torno de carpintero.