Las Olas
Las Olas —¡Con qué orgullo nos sentamos aquà —dijo Jinny—, y ni tan siquiera tenemos veinticinco años! Afuera florecen los árboles, afuera se demoran las mujeres, afuera cambian de dirección y se deslizan los automóviles. Hemos dejado atrás los dÃas de incertidumbre, las oscuridades y confusión de la juventud; miramos de frente, preparados para lo que venga (se abre la puerta, siguen abriéndose las puertas). Todo es real, todo es firme y sin sombra de ilusión. Habita en nuestras frentes la belleza. En la mÃa, en la de Susan. Nuestra carne es firme y frÃa. Son tan nÃtidas nuestras diferencias como la sombra de las rocas a plena luz del sol. Ante nosotros hay panecillos crujientes, vidriados de amarillo, y duros; el mantel es blanco, y tenemos las manos medio cerradas, dispuestas a contraerse. Vendrán dÃas y más dÃas, dÃas de invierno, de verano; apenas hemos abierto el tesoro. Ya ha crecido el fruto bajo la hoja. La habitación es dorada, y le digo: «ven».
—Tiene las orejas rojas —dijo Louis—, y el olor de la carne cuelga en una red húmeda mientras los oficinistas toman un bocado en la barra.