Las Olas
Las Olas El sol azotaba los poblados pináculos de las colinas meridionales, y relucÃa en los pedregosos lechos profundos de los rÃos, donde el agua se hundÃa por debajo del alto puente colgante de forma que las lavanderas arrodilladas sobre las piedras ardientes apenas podÃan mojar las ropas; y las flacas mulas, con alforjas colgadas sobre los estrechos lomos, iban tanteando el camino por entre las grises piedras. Al mediodÃa, el calor del sol volvÃa grises las colinas como si las hubiera afeitado y depilado una explosión, mientras que más allá, hacia el norte, en paÃses más nublados y más lluviosos, las colinas, que se fundÃan en rectángulos, como hechas con el dorso de una azada, tenÃan una luz como si un vigilante, en el profundo interior, fuese de cámara en cámara llevando una lámpara verde. Por entre átomos de aire de color azul gris, caÃa el sol sobre los campos ingleses e iluminaba pantanos, charcos, una gaviota blanca sobre una estaca, el lento navegar de las sombras sobre los bosques de copas indiferenciadas, las mieses tempranas, y los campos de heno en movimiento. Azotaba la pared del huerto, y todos los agujeros y granos del ladrillo se apuntaban de plata, morado, de fuego de suave tacto; o como si al tocarlos debiesen disolverse semejantes a partÃculas de polvo cocidas al sol. Colgaban las grosellas por la tapia como ondas y cascadas de rojo pulido, las ciruelas sobresalÃan hinchadas entre las hojas, y la hierba corrÃa en una fluyente llamarada de verde. Se hundÃa la sombra de los árboles en un charco oscuro en la raÃz. DescendÃa la luz semejante a una inundación, y disolvÃa el follaje individual en un túmulo verde.