Las Olas
Las Olas »Me pregunto: si no vuelvo a verte nunca más ni a poner los ojos en tu solidez, ¿de qué forma vamos a comunicarnos? Te has ido cruzando el patio, cada vez más lejos, haciendo cada vez más imperceptible el hilo que nos une. Pero vives en alguna parte. Queda algo de ti. Un juez. Eso es, si descubro algún cambio de carácter en mí, lo someteré a ti en privado. Te haré preguntas, ¿cuál es tu veredicto? Permanecerás como árbitro. Pero, ¿por cuánto tiempo? Se hace difícil explicar las cosas; habrá cosas nuevas, mi hijo, una de ellas. Estoy en el cénit de una experiencia. Declinará. Ya no grito con convicción: “¡Qué suerte!” La exaltación, el vuelo descendente de las palomas, ha terminado. Regresan el caos y los detalles. Ya no me sorprenden los nombres escritos en los escaparates. Ya no siento la necesidad de decir ¿para qué apresurarse?, ¿para qué coger trenes? La causalidad regresa: una cosa conduce a otra, el orden habitual.